Pat Metheny + Enrique Morente

Pat Metheny + Enrique Morente

Posted 11/07/2008 - 09:19 by bcnmusic

Palau de la Música 8-7-2008.

Emprendemos un viaje largo, sensual y delirante de la mano de Pat Metheny. Marinero ya en sus 50, este grandísimo guitarrista de jazz que día a día inventa tradición y vanguardia, viene a presentar su nuevo disco como viene haciendo: destilando innovación sin dejar de sedimentar la fina arena de la historia. Tras unos breves compases de jazz-folk, viramos bajo viento índico y el guitarrista despliega su maestría, solo, ante 3 mástiles y más de 40 cuerdas.


Recalamos para incorporar a su tripulación, el batería A. Sánchez y el bajista C. McBride, no cabe decir que ambos podrían dar a su vez nombre a tríos de inmensa calidad. Nuevo rumbo: América, a los mares domesticados durante años como nadie por el guitarrista. Compás a compás, el jazz más progresivo va dejando paso a la contemporaneidad, la improvisación y la esencia. Las aguas se revuelven, el mar se agita.
Aparece un polizón, Enrique Morente. Para poner su voz y su poesía sobre la sutileza de Metheny en una canción bellísima.
Con el cantaor al timón nos adentramos en el paisaje granadino. Picasso junto a nosotros. Disfrutamos de una leyenda viva capaz de la exploración más insólita. Aunque no es la mismo Omega sin Lagartija Nick, Morente abre caminos, y hoy nos zambullimos en una nueva ruta.

Con o sin micrófono, con o sin guitarra, Morente es el más grande del momento, y no solo porque le venga dado, también por como lo persigue.
Lejos de conformarse, Morente medra en un constante nomadismo, embrujado, sediento de aguas de las que hidratarse el alma. sus fronteras no son idiomáticas, sus mapas no son culturales, es la armonía lo que orienta sus sentidos.
Perdemos de vista la costa andaluza y nuestro viaje alcanza el clímax, con ambas formaciones dialogando, ora en jazz, ora en flamenco, a medio camino entre dos continentes y dos tradiciones, la música nos une más que nunca.
Cantan Enrique y la guitarra de Pat. La música va tomando cuerpo y un dulce relato nos captura, y aunque llega el final quedan dos bises para recordarnos que esto no ha sido un sueño. Nos esforzamos en capturar en nuestro tímpano semejante exquisitez: un recuerdo inolvidable. Irrepetible también?

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